Hannah Arendt – (1906 Hanóver -1975 Nueva York) – o no filósofa y profesional de la teoría política

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Yo no pertenezco al círculo de los filósofos. Mi profesión, si puede hablarse de algo así, es la teoría política. No me siento en modo alguno una filósofa. Ni creo tampoco haber sido admitida en el círculo de los filósofos. Pero la filosofía no tiene porque seguir siendo masculina. Es perfectamente posible que una mujer llegue algún día a filósofa. En mi opinión me despedí definitivamente de la filosofía. Estudié filosofía pero esto no significa que haya permanecido en la filosofía.  La diferencia entre la política y la filosofía está realmente en la cosa misma. La expresión ”filosofía política”, expresión que yo evito, está extremadamente cargada por la tradición. Cuando yo hablo de estos temas, sea académicamente o no, siempre menciono que hay una tensión entre filosofía y política. Es decir, entre el hombre como ser que filosofa y el hombre como ser que actúa; es una tensión que no existe en la filosofía de la naturaleza. El filósofo se sitúa frente a la naturaleza, como todos los demás seres humanos; cuando medita sobre ella habla en nombre de toda la humanidad. En cambio, frente a la política el filósofo tiene una postura neutral. ¡No desde Platón! Hay una suerte de hostilidad, a toda política en la mayoría de los filósofos, con muy pocas excepciones. Kant es una excepción. Esta hostilidad es de extraordinaria importancia en todo este problema, pues no se trata de una cuestión personal. Está en la esencia de la cosa misma. ”Yo no quiero participar en absoluto de esa hostilidad”: yo quiero mirar a la política, por así decirlo, con ojos no enturbiados por la filosofía.

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Hannah Arendt habla ahora de la emancipación femenina…

El problema como tal existe, naturalmente. Yo, en realidad, he sido una persona anticuada. Siempre he sido del parecer que hay determinadas ocupaciones que no son para las mujeres, que no les van, si puedo decirlo así. Cuando una mujer se pone a dar órdenes, la cosa no tiene buen aspecto, debiera intentar no llegar a tales posiciones si le importa seguir siendo femenina. No sé si en esto tendré o no razón. Por mi parte, me he guiado de algún modo por ese criterio, más o menos inconscientemente, o mejor, más o menos conscientemente.  A mí, personalmente, el problema mismo no me ha afectado. Mire, yo siempre he hecho lo que he querido… Sin decirme una mujer hace ahora lo que hacen normalmente los hombres, no ha sido nunca mi problema.

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”Ser judía pertenece para mí a los hechos incontrovertibles de mi vida y en relación con tales facticidades nunca he querido cambiar nada, y ni siquiera en la niñez”

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Hannah nació en 1906 en Hanóver, hija de un ingeniero y crece en Königsberg, entonces, en su recuerdo, ¿qué significaba para ella, ser una niña en Alemania y proceder de una familia judía? Hannah no podía contestar a esta pregunta, con verdad, en términos generales: <<En lo que hace a mis recuerdos personales>> ¿Qué tipo de respuesta se desea? ¿General o personal?>> En primer lugar, ella dirá: <<Yo no supe por mi familia que yo era judía. Mi madre era completamente arreligiosa. Su padre murió pronto. Toda la historia suena muy extraña. Mi abuelo era presidente de la comunidad judía liberal y era concejal en Königsberg. Yo procedo de una antigua familia de Königsberg. Y con todo, la palabra ”judío” nunca se oyó en mi familia mientras yo fui niña. Me topé con ella por vez primera, por los comentarios antisemitas de otros niños en la calle -no merece la pena contarlo-. Después de ello si fui, digamos ”ilustrada”>>.

Hannah estudió en Manburgo, Heidelberg y Friburgo, teniendo por profesores a Heidegger, a Bultmann y a Jaspers. Filosofía como material principal y teología y griego como materias secundarias. Hannah se ha parado con frecuencia a pensar en el por qué de estas elecciones pero para ella la filosofía era segura desde sus catorce años. Había leído a Kant. La cuestión es que ella pensaba: <<Puedo estudiar filosofía o tirarme a un río>> No es que ella no amase la vida… Era el tener que comprender. La necesidad de comprender. La necesidad de comprender la acompañó desde muy pronto. Y dado que los libros estaba todos en casa, no había más que cogerlos de la biblioteca. También leyó  la ‘Psicología del mundo de las concepciones’ de Jaspers, publicada, según cree, en 1920, y ambas cosas encajaban, la filosofía y la teología. Y encajaban de tal modo que para Hannah se copertenecían. De lo único que no tenía dudas era de cómo se manejaba todo esto cuando se es judía y de qué resulta de ello. Entonces le preocupaba seriamente, aunque las preocupaciones se fueron disipando por sí solas.  El griego era otra cosa.  Hannah siempre había amado la poesía griega. Así que añadió el griego a sus estudios porque era lo más cómodo, de todos modos ya lo leía.

Dejó Alemania en 1933 y se marchó a París. en París trabaja en una organización dedicada a acomodar jóvenes judíos en Palestina.  Esa organización sacaba de Alemania a a niños y a jóvenes judíos pero Hannah se ocupaba tan sólo de los adolescentes, de entre trece y diecisiete años, y los llevaba a Palestina acomodándolos en Kibbutzim

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<<Yo venía de una actividad puramente académica y 1933 dejó en mí una impresión duradera acerca de este mundo. Primero positiva y luego negativa. O mejor al revés: primero negativa y luego positiva. Hoy a menudo se cree que la conmoción de los judíos alemanes en 1933 se explica por el hecho de que Hitler tomara el poder. Pero en lo que a mí respecta, y a las gentes de mi generación, puedo decir que se trata de un curioso malentendido. La toma de poder era, naturalmente, un desastre. Pero era una cuestión política, no una personal. ¡Para saber que los nazis eran nuestros enemigos, Dios mío, para eso no necesitábamos que Hittler se hiciese con el poder, por favor! Desde hacía al menos cuatro años, era completamente evidente para todo el que no fuese un estúpido. Y también sabíamos que una gran parte del pueblo alemán estaba con ellos. Nada de esto podía ya sorprendernos, conmocionarnos, en el 33.  En primer lugar, lo político general se volvía un destino personal cuando se emigraba. Pero en segundo lugar… , bueno, ya sabe ustede lo que era la ”uniformización”. ¡Y quiero decir que los amigos se ”uniformizaron”! El problema, el verdadero problema personal no fue lo que hicieron nuestros enemigos, sino nuestros amigos. Esa marea de la ”uniformización”, que en buena medida era voluntaria, o que, en todo caso, no estaba aún bajo la presión del terror: fue como si en torno a nosotros se abriese un espacio vacío. Yo vivía en un medio intelectual, pero conocía también otras gentes. Y pude comprobar que la ”uniformización” se convertía, por así decirlo, en regla entre los intelectuales; no así en los otros medios. Y esto nunca lo he olvidado. Dejé Alemania dominada por la idea -algo exagerada sin duda- de ”nunca más”, nunca más meterme en historias intelectuales. No quería tener nada que ver con semejante gente. No es que pensara que los judíos y los intelectuales judioalemanes habrían actuado de manera esencialmente distinta si sus circunstancias hubiesen sido otras. No era eso. Mi opinión era que lo ocurrido tenía que ver con esta profesión. Hablo en pasado.  Hoy sé algo más al respecto. Hoy no opino lo mismo con la misma intensidad. Pero sí sigo pensando que pertenece a la esencia del intelectual el, por así decir, hacerse ideas sobre todo. Que alguien por tener mujer e hijos  que cuidar se ”uniformizase”, era una cosa que nadie podía tomarse a mal. ¡Lo malo fue que algunos llegaron a creérselo realmente! Por poco tiempo,  algunos incluso por muy poco tiempo. ¡Pero esto significó que se hicieron ideas sobre Hitler y en parte eran cosas terriblemente interesantes! Cosas fantásticamente interesantes y complicadas. Que flotaban muy por encima del nivel ordinario de la gente. Yo esto lo encontraba grotesco. Hoy diría que cayeron en la trampa de sus propias ideas. Eso es lo que pasó. Pero entonces no lo veía tan claramente>>.

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Hannah Arendt, durante la Segunda Guerra Mundial consigue llegar

a los Estados Unidos de América donde trabajará como profesora de teoría política, en Chicago, vive en Nueva York… Su marido, con quien se casa en 1940 es igualmente profesor de filosofía en América, con lo cual la comunidad académica, de la que ella ha vuelto a ser miembro -tras la decepción del año 1933- es ahora internacional.  Y es cuando el entrevistador, Günter Gaus, le pregunta: ¿Qué queda  de la Europa del período prehitleriano?

<<Le aseguro que no la añoro. ¿Qué queda? Queda la lengua. Y significa mucho. Me he negado siempre, de manera  consciente a perder mi lengua materna. Siempre he mantenido ciertas distancias tanto respecto del francés, que llegué a hablar muy bien, como del inglés, la lengua en que hoy escribo. Escribo en inglés pero no he perdido las distancias respecto del  inglés.  Hay una diferencia abismal entre tu lengua materna y todas las demás. En mi caso, puedo expresarlo con total sencillez: en alemán me sé de memoria una buena parte de la poesía alemana; estos poemas se mueven siempre, de algún modo, en el fondo de mi cabeza. Y esto, naturalmente, es irrepetible>>

Se menciona después a las personas que sufrieron un shock y olvidaron su lengua materna pero para Hannah lo decisivo no fue lo sucedido en 1933…

<<Lo decisivo fue el día en que supimos de Auschwitz>>

Y eso fue en 1943

<<Y en un principio no lo creímos, aunque mi marido y yo siempre decíamos que podía esperarse cualquier cosa de esa tropa. Pero esto no lo creímos, también porque iba en contra de todo lo que la guerra exigía, en contra de todas las necesidades militares. Mi marido es un antiguo historiador militar y entiende algo de estas cuestiones. Me decía que no creyese las historias que se contaban, que tan lejos no podían ir. Pero medio año después sí que lo creímos, porque nos lo probaron. Esa fue la verdadera conmoción. Antes de ello nos decíamos: ”Al fin y al cabo cada uno tiene sus enemigos; es natural. ¿Por qué no habría de tenerlos también un pueblo?”. Todo es posible. Pero esto era otra cosa. Era realmente como si el abismo se abriese. Pues se tenía la idea de que cualquier otra cosa que ocurriese podría luego corregirse de algún modo, enmendarse de alguna manera, la política como todo lo demás. Pero esto no. Esto nunca debió permitirse que ocurriese. Y con ello no me refiero sólo al número de víctimas. Me refiero a la fabricación de cadáveres  y a todo lo demás – no necesito entrar en detalles-. No debió permitirse que ocurriese. Ahí pasó algo a lo que ninguno de nosotros podremos hacernos nunca>>.

Hablan de libro aparecido en aquel otoño en la República Federal de Alemania. El libro sobre el Proceso Eichmann en Jerusalén. Obra que desde su publicación en América ha sido objeto de una gran polémica… Especialmente desde la parte judía se habían levantado objeciones contra esa obra que Hannah dice que se basan, en parte, en malas comprensiones y, en parte, en una campaña política dirigida. ¿Le dolía a  a la profesora Arendt ese reproche -se le pregunta- formulado del lado judío, de que su libro carece de todo amor por el pueblo judío?

<<Antes de nada, permítame que con toda amabilidad le diga que usted mismo ha sido, naturalmente, una víctima más de esa campaña. En ningún lugar de mi libro he hecho al pueblo judío el reproche de no haber resistido. Alguien sí que lo hizo en el proceso y fue el señor Haussner de la Fiscalía israelí. Las cuestiones que en esta dirección él planteó, a los testigos del proceso en Jerusalén, yo las he calificado de estúpidas y crueles>>

Se vuelve sobre una cuestión personal. Hannah Arendt dijo:

”Nunca en mi vida he ‘amado’ a ningún pueblo o colectivo, ni al pueblo alemán, ni al francés ni al americano, ni a la clase trabajadora ni a nada de este orden. Pero es que además, este amor a los judíos, siendo como soy judía, a mí me resultaría sospechoso”.

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Entrevistador: ¿Puedo preguntarle algo acerca de estos mismo? Lo que considero una postura fundada y respetable. El hombre como ser políticamente activo, ¿no necesita vincularse a un grupo, vinculación que, llegado a cierto grado, también puede llamarse amor? ¿No teme que su actitud pueda resultar políticamente estéril?

No, yo diría que es la otra actitud la que resulta políticamente estéril. Podríamos tener una larga discusión. Mire usted:

<<Pertenecer a un grupo es, antes que nada, una condición natural. Se pertenece a uno u otro grupo por nacimiento, siempre. Pero pertenecer a un grupo en el sentido en que usted lo dice, en un segundo sentido, es decir, formando un grupo organizado, es una cosa completamente distinta. Esta organización se produce siempre en relación con el mundo. Lo que quiere decir que las personas que en ella se organizan tienen en común lo que habitualmente llamamos intereses, en latín ”inter est”, que significa ”estar entre”. La relación con el Mundo, entonces, la relación directamente personal en la que puede hablarse de amor existe en su máximo grado en el amor efectivo, desde luego y también, en cierto sentido, en la amistad; aquí la interpelación le llega a la persona directamente y con independencia de su relación con el mundo. Por eso personas de organizaciones de lo más dispar pueden mantener una amistad personal. Pero cuando ambas cosas se confunden entre sí, cuando, por decirlo abruptamente, se pone el amor sobre la mesa de negociación, yo esto lo considero una gran fatalidad. Lo encuentro apolítico, lo encuentro no mundano, y en realidad me parece un completo desastre. Pero admito que el pueblo judío es un modelo de pueblo que a través de los siglos perdura con un vínculo no mundano>>

Sigue diciendo la profesora:

<<En el fondo la única cuestión que me interesó de toda la controversia sobre el libro de Eichamann. Pero es una cuestión que nunca había aflorado hasta que yo la saqué a colación (ha sido interpelada a seguir hablando de ello). Es la única cuestión seria, todo lo demás es pura bruma propagandística. O sea, ¿fiat veritas, pereat mundus? [¿Triunfa la verdad, perece el mundo?] La cosa es que el libro de Eichmann no tocaba de facto cuestiones de este tipo. El libro no amenazaba legítimos intereses de nadie. Se pensó que sí lo hacía, nada más. La cuestión de que sea legítimo está abierta al debate. Y probablemente yo entienda por ”legítimo”  una cosa distinta a la que entiende las organizaciones judías. Pero ahora estamos aceptando que había intereses reales en juego y que yo misma reconozco (…)>>

Entrevistador: En una de sus obras más importantes: La Condición Humana, llega usted a la conclusión de que la Modernidad ha destronado el sentido común; o sea, al sentido que capta el rango primordial que corresponde a lo político. Usted señala como fenomenos sociales modernos el desarraigo y el aislamiento de las masas y el triunfo de un tipo de hombre que se encuentra satisfecho en el mero proceso de laborar y consumir. Sobre esto tengo dos preguntas. Primera: ¿en qué medida el conocimiento filosófico de este orden depende de experiencias personales, que son las que ponen en marcha el proceso del pensamiento?

<<Yo no creo que sea posible pensar sin experiencia personal, es imposible. Todo pensar es un repensar, un repensar las cosas, ¿no? Yo vivo en el mundo moderno, y, obviamente, mis experiencias lo son del mundo moderno. Esto mismo lo han afirmado ya muchos autores. Pero la cuestión de encerrarse en el laborar y consumir, que son para mí las dos caras del mismo fenómeno, del mismo ciclo, donde todo vive, donde todo lo que está vivo vibra. Esta fijación es importante y al mismo tiempo me parece tan lamentable, porque pone de manifiesto de nuevo una ausencia de mundo. A la gente ya no le importa nada, que aspecto tenga el mundo. Y ”mundo” entendido como espacio en el que surge la política y, en el sentido más amplio,  como el espacio donde las cosas se vuelven públicas, el espacio en que se habita  y que debe tener un aspecto presentable. El espacio en que aparece también el arte, por supuesto. En que todo lo posible aparece. Usted recordará como Kennedy trató de extender muy notablemente el espacio público, invitando a la Casa Blanca a poetas y otros personajes, de modo que todos pudieran participar de este espacio. En el laborar y el consumir, en cambio, el hombre es arrojado por completo contra sí mismo. Arrojado contra lo biológico y contra sí mismo. Y ahí tiene usted la conexión con el aislamiento. Del proceso de laborar nace un aislamiento peculiar. No puedo entrar ahora en ello, porque nos llevaría demasiado lejos. Pero esta soledad consiste en ser arrojado contra uno mismo, ocupando el consumo, en cierta medida, el lugar de todas las actividades auténticamente relevantes>>.

En un homenaje a Jaspers, esta mujer dice:

<<La humanitas nunca se alcanza en soledad y nunca por el hecho de dar a la luz pública la obra que uno hace. Sólo quien ‘aventura en el dominio público de su vida y su persona’ puede adquirirla >>

Y ese ”aventurarse en el dominio público” qué significa:

<<Yo lo veo claro. Uno se expone a la luz pública y lo hace como persona. Aunque tengo también la opinión de que no se debe aparecer y actuar en público desde una autoconciencia reflexiva, si sé que en cada acción la persona se expresa a sí misma como no ocurre en ninguna otra actividad humana y el hablar es también una forma de acción. Este es el primer riesgo, que nosotros iniciamos algo; nosotros introducimos nuestro hilo en la malla de las relaciones. Lo que de ello resultará nunca lo sabemos. A todos se nos ha enseñado a decir: ”Señor, perdónalos porque no saben lo que hacen”.  Pues lo mismo vale a propósito de toda acción. Y es que sencillamente no se puede saber: uno se aventura. Y hoy añadiría que este aventurarse  sólo es posible sobre una confianza en los humanos. Una confianza en – y esto, aunque es difícil de formular, es fundamental- lo humano de todos los seres humanos. De otro modo no se podría>>

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~ por María Camín en junio 25, 2011.

Una respuesta to “Hannah Arendt – (1906 Hanóver -1975 Nueva York) – o no filósofa y profesional de la teoría política”

  1. Hannah Arendt. Pensar Apasionadamente 1/6

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