– LA MÍO VIDA ERA LIXERA COMO UN PÁXARO – (Mi vida era ligera como un pájaro) – MIGUEL ROJO

.

Alcuérdome de nenu.

Aquel yera’l Tiempu.

Pero too eso pasó.

Nun recuerdo bien, sólo queda’l recuerdu

y esti ye mentirosu por vocación:

una vez soñé que yera Odiseu y les míos primes serenes,

Quería matales y después violales.

O al revés…

Nun recuerdo bien.

Yá dixe lo que de fulera tien la memoria.

Otra vez sentí que

tenía corríos munchos caminos.

El sol posábase nel arba de les zapiques

y ente los briellos aldovinábase

la espluma del llechi recién mocíu

u yo dexaba los llabios.

Había un xarrón d’allabastru. ¿Cómo

sedría la mano que posó flor?

¿Tendría l’arume que sólo da la xuventú

o sería mano d’abultaes venes

penada pol pesu los díes?

Tamién espié a Tasos cuando foi arreglase

el dentame a Atenes. Volaba

penriba les piedres y del mar.

<<¡Ye tan guapo volvete a ver, amor!>>, dicía.

<<Quiero que los míos dientes nuevos

solo muerdan caricia na to carne abierta,

mansos tigres pastiando tos llabios,

bebiéndote la voz

mientres sueñes con pexes,

allá

pa contra la historia,

allá

onde tovía les columnes busquen

el llivianu pesu azul del aire…>>

Esto -y decía Tasos a la so amante

mientres la so muyer lu esperaba en casa

preñada de nueve meses.

Por entoncies, la mio vida yera lixera como un páxaru.

.

.

.

Me acuerdo cuando era niño

Aquel era el Tiempo.

Pero todo eso pasó.

No lo recuerdo bien, sólo queda el recuerdo

y este es mentiroso por vocación:

una vez soñé que era Odiseo y mis primas sirenas.

Quería matarlas y después violarlas.

O al revés.

No lo recuerdo bien.

Ya dije lo tramposa que es la memoria

Otra vez sentí que

había recorrido muchos caminos.

El sol se posaba en el borde de las jarras

y entre los brillos se adivinaba

la espume de la leche recién ordeñada

donde yo dejaba los labios.

Había un jarrón de alabastro. ¿Cómo

sería la mano que posó la flor?

¿Tendría el aroma que sólo da la juventud

o sería mano de abultadas venas

penada por el peso de los días?

También espié a Tasos cuando fue a arreglarse

la dentadura a Atenas. Volaba

por encima de las piedras y del mar.

<<¡Es tan maravilloso volver a verte, amor!>>, decía.

<<Quiero que mis dientes nuevos

sólo muerdan caricia en tu carne abierta,

mansos tigres pastando en tus labios,

bebiéndote la voz

mientras sueñas con peces,

allá

contra la historia,

allá

donde aún las columnas buscan

el liviano peso del aire…>>

Esto le decía Tasos a su amante

mientras su mujer lo esperaba en casa

preñada de nueve meses.

Por entonces, mi vida era ligera como un pájaro.

.

MIGUEL ROJO

.

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~ por María Camín en junio 20, 2011.

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