Protegido: 22. Él me gusta en cuanto me encuentro encima de él y miro sus labios, son gruesos y sensuales como aquellos de los que disfrutan los africanos. Tienes unos labios muy bonitos -le digo, y él se relaja y, entonces, me enseña como debo amarle. Muy suavemente debo excitarle los pezones, igual que si fuera una mujer esa es una zona erógena en este hombre. También me dice que no vuelva a darle un susto como el que le he dado. Es cauteloso, no me penetrará sin preservativo. Y el acto transcurre sin más problemas. Ambos sonreímos y nos disfrutamos. Luego me ”confesará” que jamás le había ocurrido con nadie, que soy la mujer más guapa con la que se ha encontrado. Yo pensaré para mí que un título de sexología no significa nada. Es decir, nos costó que pudiera lograr una erección y mantenerla. Han transcurrido más de seis años desde aquello pero todo surge oloroso y fresco en la alacena de la memoria. Como el aroma de la noche perfumada, ayer, en el callejón

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~ por María Camín en junio 12, 2011.

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