ANAXÍMENES DE MILETO – (560 – 525 a. C) – El aire como ‘arkhé’ –

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*información en WIKIPEDIA

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Consideración: Seguía el texto de las clases del Pr. Nietzsche pero Anaxímenes no gozó en ellas de recuerdo alguno.  Así que me basaré en ‘La historia de la filosofía’ (edit. Eikasia) para descubrir a este filósofo milesio, en principio; sólo que la primera discrepancia con otras fuentes es la de su fecha de nacimiento; no es importante y lo es, ya que entonces  a qué edad éste se convirtió en discípulo de su maestro…

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Vivió también en Mileto aproximadamente entre el 560 y el 525 y, según Diógenes Laercio fue discípulo de Anaximandro.

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Ambos tienen ideas afines sobre el <<arkhé>>. Considera como Tales, que el <<arkhé>> también es algo material: el aire. Todo procede del aire, dice Anaxímenes y son los distintos grados de condensación y rarefacción, procesos contrarios pero de carácter físico no mítico, los que producirán los distintos cuerpos.

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El aire en proceso de condensación se enfría y produce viento que, a su vez, produce nubes, de estas surge el agua, del que si se condensa más, surge tierra y, en último lugar, las piedras. En cambio, cuando se hace más raro o raro se calienta y, en el extremo, se convierte en fuego.

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<<Fue discípulo y compañero de Anaximandro, coincidiendo con él en que el principio de todas las cosas (y también el substrato que permanece invariable ante todos los cambios y el fin, o “telos” al que todo vuelve) — arkhé/arjhé/arjé/arché— es infinito; aunque, a diferencia del ápeiron de su mentor, nos habla de un elemento concreto: el aire. Esta sustancia, afirmaba, se transforma en las demás cosas a través de la rarefacción y la condensación. La rarefacción genera el fuego, mientras que la condensación el viento, las nubes, el agua, la tierra y las piedras; a partir de estas sustancias se crea el resto de las cosas. Podría explicarse el cambio de estado del aire mediante el flujo entre dos polos, lo frío y lo caliente; pero varios fragmentos nos muestran que Anaxímenes pensaba inversamente, y creía que lo caliente y lo frío eran consecuencia y no causa de la rarificación y la condensación respectivamente>>.

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<<Pues el aliento se enfría al verse comprimido y condensado por los labios, pero, expulsado por la boca abierta, se vuelve caliente, por rarefacción>> (DK 13 B 1).

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Anaxímenes utiliza conceptos más claros y precisos que suponen un avance respecto a Anaximandro, no sólo por el hecho de considerar que el aire es algo más concreto que <<lo ápeiron>>, que alberga siempre algo de misterioso, sino que rarefacción y condensación son también procesos más determinados y circunscritos que los que utilizó Anaximandro. Ni Anaximandro ni Tales mencionan ningún mecanismo explicativo tan pertinente como éste para los cambios producidos por la <<physis>>.

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~ por María Camín en mayo 16, 2011.

10 comentarios to “ANAXÍMENES DE MILETO – (560 – 525 a. C) – El aire como ‘arkhé’ –”

  1. Anaxímenes creía que la Tierra era plana “como una hoja”, y que se formó por la condensación del aire; los cuerpos celestes, también planos, nacieron a partir de la Tierra debido a una rarefacción de su pneuma o exhalación. Estos astros son de fuego (aire rarificado) y cabalgan sobre el aire, girando alrededor de la Tierra «como gira un gorro de fieltro en nuestra cabeza». Además existen otros cuerpos, sólidos e invisibles, que servirían para explicar los meteoritos y los eclipses. Anaxímenes vuelve a concebir el aire como un elemento determinado: el aire (pneuma). Del aire cabe decir, como hemos dicho del agua en el caso de Tales, que es un elemento indispensable para la vida. La diversidad de los seres se debe a dos procesos del aire: rarefacción y condensación. El aire mismo es lo más dilatado, una piedra es aire muy condensado. En asuntos meteorológicos, consideró que los terremotos ocurren en períodos de sequía o de muchas lluvias, puesto que cuando la tierra está seca se resquebraja y con el exceso de humedad se deshace. El rayo, el trueno y el relámpago se forman por el viento que corta las nubes; la lluvia cuando las nubes se condensan, el granizo cuando la lluvia se solidifica y la nieve cuando se le agrega una porción de viento. Un fragmento muy discutido de Anaxímenes dice que “así como nuestra alma, que es aire, nos mantiene unidos, de la misma manera el pneuma o aire envuelve al cosmos”. Podría indicar una cierta correlación entre el ser humano y el mundo, ya que ambos tienen una exhalación (pneuma) y están cubiertos por el aire protector. Esta idea sería la base de la popular homología posterior entre el hombre y el mundo, muy usada por la primera medicina.

    http://es.wikipedia.org/wiki/Anax%C3%ADmenes

  2. http://www.youtube.com/user/Filosofiacant

  3. Escribió Peri Physeos (Sobre la Naturaleza), obra que hoy día se ha perdido pero de la que tenemos constancia gracias a Diógenes, quien dijo de Anaxímenes que «escribió en dialecto jónico en un estilo sencillo y conciso».

    Según menciona Plinio el Viejo en su Historia Natural (Libro II, Capítulo LXXVI) Anaxímenes fue el primero en analizar el cómputo geométrico de las sombras para medir las partes y divisiones del día, y diseñó para ello un Reloj de sol que denomina Sciothericon. Literalmente: Umbrarum hanc rationem et quam vocant gnomonicen invenit Anaximenes Milesius, Anaximandri, de quo diximius, discipulus, primusque horologium, quod appellant, Lacedaemone ostendit.

    http://es.wikipedia.org/wiki/Anax%C3%ADmenes

  4. http://www.youtube.com/user/SOCHRES

  5. Anaxímenes consideraba que la archee (pronúnciese arjé), Principio de Todas las Cosas es el aire. De él ha salido todo por condensación y rarefacción. El aire domina y mantiene unido al Cosmos de la misma manera que el alma lo hace con el cuerpo. Este Primer Principio tiene la capacidad de pensar, indispensable para gobernar. Observó que el cielo parecía girar alrededor de la estrella polar.

    http://es.wikipedia.org/wiki/Anax%C3%ADmenes

  6. http://www.youtube.com/user/khalid1992

  7. 1. Se opone a Anaximandro y a Tales en cuanto a la determinación del primer principio o “arjé” que Anaxímenes considera ser el aire. Probablemente haya tomado esta elección a partir de la experiencia, influyendo la observación de los seres vivos y la importancia del fenómeno de la respiración; en cuanto toma como “arjé” un elemento particular, su pensamiento supone un retroceso con respecto a Anaximandro; pero Anaxímenes nos ofrece un mecanismo de explicación de la generación de las cosas a partir de otro elemento distinto de ellas: ese mecanismo de generación se apoya en las nociones de “condensación” y “rarefacción”. Por condensación del aire, dice Anaxímenes, se forman las nubes; si las nubes se condensan se forma el agua; la condensación del agua da lugar a la constitución del hielo de la tierra; y la condensación de la tierra da lugar a la constitución de las piedras y los minerales; el proceso inverso lo representa la rarefacción: piedra, tierra, agua, nubes, aire y, por último la rarefacción del aire produciría el fuego.

    2. En terminología moderna podemos decir que Anaxímenes está intentando basar la explicación de lo cualitativo en lo cuantitativo; encontramos en él, por lo tanto, un intento de explicar el mecanismo de transformación de unos elementos en otros, del que no disponían Tales ni Anaximandro. Al igual que ellos insiste, sin embargo, en afirmar una causa material como principio del mundo y, por lo tanto, en tratar de llevar a la unidad la diversidad de la realidad observable.

    http://es.wikipedia.org/wiki/Anax%C3%ADmenes

  8. ” (…) Allí donde la filosofía se mostró como una ayuda, como algo salvador, como algo protector, fue siempre con los sanos (…)

    Los griegos, en tanto que pueblo verdaderamente sano, legitimaron de una vez por todas la filosofía por el simple hecho de que filosofaron (…)

    No fueron capaces de abandonar esta ocupación a tiempo (…) En cambio, los griegos si supieron comenzar la filosofía a su debido tiempo, y esa enseñanza, cuando se debe empezar a filosofar, la transmitieron en mayor medida que ningún otro pueblo (…) desde la ventura, en una edad plena de fortaleza; la filosofía surgió de la serenidad y la alegría de una virilidad madura, victoriosa y audaz. Que los griegos hayan filosofado en esta época nos instruye tanto acerca de lo que la filosofía es y debe ser, como acerca de los griegos mismos (…) La filosofía griega es un soberbio e impetuoso torrente.

    (…)

    No cabe cosa más absurda que atribuir a los griegos una cultura autóctona: al contrario, más bien habrá que afirmar que asimilaron para sí enteramente la cultura viva de otros pueblos, de ahí que llegaran tan lejos, pero supieron recoger la jabalina del lugar en que otro pueblo la había abandonado y arrojarla de nuevo más lejos.

    Los griegos son dignos de admiración en el arte de aprender provechosamente: tal y como ellos lo hicieron, deberíamos nosotros aprender de nuestros vecinos; pero aprender a vivir, no a poner los conocimientos al servicio de una erudición que nos encadena, y ni mucho menos persiguiendo el fin de utilizar lo aprendido como soporte para elevarse más y más por encima del vecino. Las preguntas relativas a los orígenes de la filosofía son absolutamente indiferentes pues, en todo origen reina siempre y por doquier, lo crudo, lo informe, el vacío, y la fealdad, mientras que en todas las cosas hay que preocuparse por los escalafones más altos (…) El camino que se remonta a los orígenes conduce siempre a la barbarie; y quien se ocupa de los griegos debe tener presente que tanto barbariza el instinto desatado de conocimiento como el odio al saber, y que los griegos dado su respeto a la vida, lograron dominar ese instinto insaciable de conocimiento que llevaban dentro… Porque querían vivir enseguida lo que habían aprendido: por este motivo filosofaron en tanto que hombres civilizados y teniendo la cultura y la civilización como propósito.

    He aquí por qué evitaron crear otra vez los elementos de la filosofía y de la ciencia desde algún tipo de vanidad autóctona (…)

    Cualquier pueblo se sentiría avergonzado ante una pléyade de filósofos tan maravillosa e ideal cual la de los maestros de la Grecia más antigua: Tales, Anaximandro, Heráclito, Parménides, Anaxágoras, Empedocles, Demócrito y Sócrates. Todos aquellos hombres estaban hechos de una sola pieza, tallados en un solo bloque de piedra. Entre su pensamiento y su carácter domina una estricta necesidad. Para ellos no existió convención alguna, puesto que en aquellos tiempos los filósofos y los eruditos no constituían ninguna clase social. En su magnífica soledad, fueron los únicos que entonces vivían para el cultivo del conocimiento. Todos poseyeron asimismo la virtuosa energía de los antiguos, jamás superada por la posteridad, que los capacitó para crear un estilo propio que cada uno de ellos desarrolló metamorfoseándolo hasta el mínimo detalle y la máxima grandiosidad. Ninguna moda los ayudó haciéndoles más fácil su tarea. Ellos solos constituían pues, lo que Schopenhauer denominó ”la república de los hombres geniales”: un gigante llama a sus semejantes a través de los vastos intersticios del tiempo y, sin que le moleste la vociferante palabrería insustancial de los enanos que crepita bajo todos ellos, continúa eternamente con el desarrollo del sublime diálogo espiritual.

    (…)

    Otros pueblos tienen santos, los griegos tienen sabios (…) Sólo entre los griegos no es accidental el filósofo. Cuando aparece allá por los siglos VI y V a. C. (…) y anteponiendo el placer del descubrimiento a la riqueza y sensualidad de las colonias griegas, intuimos entonces -ahora podemos decirlo – que surge semejante a un noble heraldo que trajera el mismo propósito con el que había nacido en aquel mismo siglo la tragedia y con el fin que nos sugieren los misterios órficos a través de los jeroglíficos de sus ritos.

    El juicio de aquellos filósofos sobre la vida y la existencia decía mucho más que cualquier juicio moderno, ya que ellos tenían la vida ante sí en su abundante apogeo y porque para ellos el sentimiento del pensador no se confundía -como para nosotros- en la discrepancia existente entre el deseo de libertad, belleza, grandeza de vida y el impulso hacia la verdad que tan sólo pregunta: ”¿Qué es lo verdaderamente valioso de la existencia?”

    (…)

    Existe una férrea necesidad que encadena al filósofo a una verdadera civilización; pero ¿cómo será posible algo así cuando no exista tal civilización? (…) Los griegos legitiman la existencia del filósofo porque sólo entre ellos no es un cometa.

    Tras estas consideraciones podrá admitirse sin reparo que hable de los filósofos preplatónicos como de un grupo homogéneo (…) A partir de Platón les falta a los filósofos algo esencial (…) Platón mismo constituye el primer carácter híbrido. En su doctrina de las ideas se conjugan elementos socráticos, pitagóricos y heracliteanos (…) También en cuanto hombre se mezclan en Platón los rasgos característicos de la distancia y la serenidad soberanas de Heráclito, los de la compasiva melancolía del legislador Pitágoras y los del dialéctico Sócrates, ‘el conocer de almas’. Todos los filósofos posteriores son de carácter híbrido, y cuando se presenta algo parecido a un carácter unilateral, como ocurre en los cínicos, no se trata ya de un tipo, sino de una caricatura.

    Más importante es, sin embargo, que son fundadores de sectas y que las sectas que fundaron eran, en general, círculos que se oponían a la cultura helénica que había dominado hasta entonces, así como a su unidad de estilo (…)

    La acción de los antiguos filósofos, aunque no eran conscientes de ello, se dirigía a una curación y purificación a lo grande (…)

    *pero se perdieron esas obras escritas por aquellos primeros filósofos o nos han quedado tan sólo obras tan incompletas*

    (…)

    En nuestro caso cabría aún añadir que no necesitamos que nos haya quedado ni una sola palabra, ni una anécdota, ni una fecha más de las que nos han quedado – y lo mismo sucedería si nos hubieran quedado menos – para establecer la tesis de orden general de que los griegos legitimaron la filosofía.

    Una época que padece lo que se ha dado en llamar la generalidad del saber, pero que carece de verdadera cultura tanto como su vida carece de una verdadera unidad de estilo, no será capaz de hacer algo mínimamente serio con la filosofía (…) Nadie vive hoy ‘filosóficamente’ (…) Todo filosofar moderno es pura apariencia erudita; es pura política, y es policial; lo mediatizan gobiernos, iglesias, academias, costumbres, modas y cobardías humanas.

    (…)

    Si se la obligase a hablar la filosofía podría aducir algo semejante a esto: ‘Oh, pueblo desafortunado!Es acaso mi culpa si como una hechicera debo vagabundear por los campos y esconderme y disimular como si fuera una pecadora y vosotros mis jueces? Mirad a mi hermano el arte: le va como a mí; hemos venido a parar entre bárbaros y ahora no sabemos ya cómo librarnos de ellos. Aquí carecemos, a decir verdad, de cualquier legitimidad; pero los jueces ante los que clamamos por nuestros derechos también habrán de juzgaros a vosotros y dirán: ¡Tened primero una verdadera cultura, entonces comprenderéis qué pretende la filosofía y cuál es su poder!”

    ‘La filosofía en la época trágica de los griegos’
    Friedrich Nietzsche, p. 33 – 44
    ISBN: 84-7702-261-5. Ediciones Valdemar. El club Diógenes.

  9. ”La naturaleza y la enseñanza poseen cierta similitud puesto que la enseñanza remodela al hombre y, al remodelarlo, produce su naturaleza” (Demócrito; DK 68 B 33)

    Con esta conciencia inician los profesores del materialismo filosófico la disertación sobre la filosofía desde los presocráticos, a Sócrates y a los sofistas.

    – Idea de ‘creatio ex nilo’ (lo creado a partir de la nada), no es propia de los antiguos griegos. Nos haríamos una idea de en qué bases de pensamiento vivían, entonces, aquellos griegos si leyéramos a Hesíodo, que es de quién se conservan testimonios, de que era aquello que los antiguos griegos creían y para aquello para lo que se configuraban; siendo el arte (del rapsoda) la transmisión del conocimiento acumulado hasta entonces por organismos recordantes (aedos formulares), que la escritura rectificó fundamentalmente. No todo iba a depender de la memoria colectiva de tan sólo unos pocos individuos, sino que esa ”carga” iba a experimentar un progreso.

    Y Tales vive aún entre esos, que fabulan pero que a pesar de fabular ya han conseguido domesticar a la semilla, con lo que las hambres se palian. Sentir y pensar, hasta cierto punto, podemos imaginarnos que lo hacían diferente a nosotros… Aunque no creo que un ser de aquel tiempo y uno de este tiempo, depende siempre de que ”tales”, concretados en un punto conjunto fuesen siquiera diferentes en ”sentir y en pensar”.

    De cualquier forma Tales no es como la mayoría de antiguos griegos de su época. Pero sigamos leyendo a los señores profesores y a partir de aquí sin interrumpirles:

    ”El resultado cosmológico era el de una tierra plana Gea, y sobre ella un cielo sólido, Urano, a modo de semiesfera que la cubre. Alrededor de ella el río Océano y en medio de los dos hacia abajo estaba el aire y en las capas superiores el éter de carácter luminoso e ígneo. Debajo de la tierra estaba el Tártaro. El sol después de su recorrido diario no pasaba por debajo del Tártaro y aparecía de nuevo al día siguiente, sino que sirviéndose de un cuenco a modo de embarcación era llevado por el río Océano hacia donde oriente en donde emprendía su nuevo camino diario.

    Los primeros filósofos, en cambio, buscan respuestas no míticas para las mismas preguntas. ¿Cuál es el ‘arkhé’ de la ‘physis? Es decir, ¿existe un principio a partir del cual se pueda dar cuenta de toda la multiplicidad del mundo físico? El término ‘physis’ se suele traducir por ‘naturaleza’. Sin embargo, la naturaleza no tiene el mismo sentido para nosotros que para los presocráticos. Para los griegos, la ‘physis’ engloba también la sobrenaturaleza. , pues era divina y como tal mostraba su necesidad, su ‘anánke’. Pero, por otra parte, lo cultural no se oponía tampoco a la ‘physis’.

    ‘Nomos’ ( ‘ley’) y ‘Physis’ están todavía en consonancia, sobre todo porque la ‘physis’ es justa (díke), al físico y al sociopolítico, al menos en el sentido de estar ajustada. Hay una equiparación y armonía entre el orden físico y el sociopolítico, al menos, hasta los sofistas.

    El término ‘physis’ etimológicamente deriva del verbo ‘phyo’ que, usado en sentido intransitivo, significa nacer, brotar, crecer una raíz.

    La ‘physis’ es, pues, aquella fuerza interna que hace que las cosas nazcan y crezcan. La ‘physis’ es algo que está en proceso. Si esto es así para no cometer anacronismo debe uno evitar darle un sentido metafísico y abstracto que adquiere el término a partir de los sofistas, y sobre todo, a partir de Aristóteles (…)

    Los presocráticos no hablan todavía de sustancia. Para ellos saber cuál era la ‘physis’ era saber cuál era su ‘arkhe’, el principio a partir del cual mostraba toda su fuerza, su ‘dymanis’. Y este principio, a diferencia de sus predecesores, no se busca ya en el espacio de los dioses como en tiempos homéricos.

    En resumen, buscar el ‘arkhé’ de la ‘physis’ para los presocráticos no es lo mismo que para Homero pero tampoco lo mismo que para Aristóteles.

    La ‘physis’ para los presocráticos es dinámica y procesual, no estática y se explica a partir de un principio o ‘arkhé’.

    La ‘physis’ presocrática se muestra como un proceso que tiene un orden y, por lo tanto, es algo bello, es decir, es un ‘kosmos’. Por eso quien la contempla descubre que es razonable y lógica, tiene un ‘logos’ que no se muestra ni siempre ni todo por entero, sino que como dice Heráclito, gusta de ocultarse y a veces se muestra mediante la oposición de elementos (stoikheíon) contrarios (enantiotiké): caliente-frío, dulce-amargo, movimiento-reposo”

    Así son explicados los primeros filósofos de la antigüedad del mundo griego en ‘La historia de la filosofía’. p. 37 -38. Edit. Eikasía.

  10. En ese ingenuo camino de identificar la fuente activa del cosmos con un elemento particular, Tales fue seguido por su compatriota Anaxímenes, que en vez del agua atribuyó el principio al aire, y que trató de demostrarlo con una dinámica de rarefacción (donde se convierte en fuego) y condensación (donde se convierte en viento, nubes, agua y finalmente tierra). Anaxímenes fue también el primero en afirmar que la Luna refleja la luz del Sol, considerando que los eclipses solares y lunares se debían a cuerpos semejantes a la Tierra que giraban por el cielo. Al igual que sucede con Tales, lo más importante de Anaxímenes como pensador es seguir atribuyendo al universo una causalidad inmanente, basada en una autoorganización de lo físico.

    http://www.escohotado.com/genesisyevoluciondelanalisiscientifico/tema3.htm

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