La importancia de la lírica y la tragedia griega (o del mito en el arte)

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Me parece importante, precisar y compartir, algo a lo que me  está llevando la lectura de ‘La naturaleza de los mitos griegos, obra de G. S. Kirk. Mientras atravesaba por estas páginas, de las que las siguientes notas son propiedad, pensaba que quizá con el cristianismo, el ‘Dios muerto nitzscheano’, podría suceder algo semejante… extenderse el fenómeno (y ya no se puede entender el concepto de fenómeno separado del de ”fuerza”) aún por un número indeterminado de siglos en la poesía interior, sino exterior, de los pueblos que se sustentan de ello y sobre él… lo ”almado” … ¿Y es que alguna vez, será posible que el mito deje de convivir con nosotros? El mismo Nietzsche, el nihilista, se embebe de la figura de Dionisos, el extranjero… Existe ese anhelo en el filósofo del Occidente, la nostalgia misma de la Edad Dorada de la humanidad.

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Dos puntos esenciales:

A) La mayoría de los mitos griegos estan ya fijados en formas literarias relativamente inflexibles. Han dejado de ser parte de una cultura oral y de una sociedad de tipo plenamente tradicional.

B) Todavía se experimentan cambios, pero estos cambios están determinados por autores individuales cuya finalidad es puramente estética o por el desarrollo de nuevas técnicas  y géneros literarios, y no principalmente por intereses sociales, intelectuales y emocionales de la comunidad como un todo.

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Homero vivió al otro lado del mar Egeo, en algún lugar de Jonia, en una de las colonias griegas del litoral de lo que hoy es Turquía occidental. La literatura griega es dominada por él, y es una figura crucial, a pesar de su ambigüedad, en la transmisión de los mitos. En principio, autor de la Ilíada y la Odisea… Importa que ambos poemas, en hexámetros, a pesar de las diferencias, son iguales en cuanto a su entorno, lenguaje y valores heroicos y que hacen abundante uso de la narrativa tradicional procedente de los primeros cantores, recordemos, los aedos.

Gran parte de su material, incluyendo el contenido mítico, es muy anterior al siglo VIII a. C. Y gran parte del contenido de la Ilíada y la Odisea es un desarrollo poético e imaginativo en aquellos tiempos.

Es importante para el estudio de los mitos que estas figuras, Agamenón, Aquiles, Ulises, Paris… estén haciendo historia, aunque no sean realmente históricas.

Homero vuelve a relatar los mitos pretroyanos en unos casos como motivo de deliberada diversión o en otros con un sentido puramente ejemplar.

La Ilíada y la Odisea eran tan famosas que se convirtieron  en un tesoro de conocimientos tradicionales y morales.

Las interferencias raciales y políticas son inevitables; los atenienses intentaron tergiversar el texto de la Ilíada para apoyar las reclamaciones sobre la isla de Salamina (y siguen este tipo de orientaciones y son interesantes…)

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* obras en la Red:

ILÍADA

ODISEA

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Hesíodo escribió un largo poema llamado Teogonía o Generación de los Dioses, que afortunadamente todavía se conserva. No es un poema extraordinario comparado con la obra de Homero, pero contiene cierto encanto rudo y una cantidad de material mítico y teológico extraordinario, ordenado de manera que constituye una historia del mundo desde sus primeras etapas hasta llegar al tiempo en que Zeus se establece como dios supremo. Heródoto estaba en lo cierto al creer que el propio Hesíodo era el autor de la mayor parte de  la ordenación de este material, pero lo mismo que Homero, es evidente que operaba basándose en fuentes anteriores.

Por otra parte la concepción de la primera condición del mundo como <<caos>>, un gran abismo tenebroso, probablemente deba algo a la propia imaginación del poeta.

Hesíodo simplifica y reorganiza los relatos teogónicos, pero los trata como literatura sagrada.

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*obras en la Red:

TEOGONÍA

El ESCUDO DE HERACLES

LOS TRABAJOS Y LOS DÍAS

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La siguiente etapa en la codificación literaria de los mitos es de carácter más reproductivo. Cien años después de Hesíodo, en el sigo VI a. C., los griegos cultos se aficionaron a los poemas acompañados de música y cantados, bien por un solista, bien por un coro, más variados rítmicamente que la antigua épica del poeta siciliano Estesícoro; de ellos sólo se conservan  fragmentos, pero se sabe que sus largos poemas corales (el poema de Gerión constaba de mil versos) eran narraciones relativamente derivadas de temas míticos: los cuentos sobre Elena, Europa, Orestes, Erifila, sobre la caza del jabalí de Caledonia, sobre las diversas hazañas de Heracles, sobre la caída de Troya.

Sus poemas trataban más de héroes, especialmente los de carácter legendario, que de dioses aunque lo mismo que en Homero, los hombres y los dioses estaban complicados en numerosos puntos cruciales. En ciertas ocasiones, Estesícoro aportó algún detalles nuevo; por ejemplo, fue él quien propagó la fantástica aunque moral idea de que Helena nunca se fugó con Paris, y que fue un fantasma quien en realidad marchó a Troya. Esto, si se quiere, puede considerarse como una <<evolución>> de una historia en respuesta a valores éticos de la época; pero es evidente una invención literaria, demasiado satírica en sus implicaciones (ya que es el tema de una Palinodia, o canción de retractación escrita con el fin de evitar el peligro del pecado de la impiedad) para confundirla con la evolución de los mitos en un contexto oral. En cualquier caso la mayoría de sus versiones  eran claras, y su embellecimiento más bien de carácter literario y musical que interpretativo o filosófico.

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* La palinodia. Emilia Pardo Bazán

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Algo parecido puede decirse de Simónides y de Baquílides, escritores de poemas líricos para solistas, que vivieron entre los siglos VI y V a. C. El bello poema de Simónides sobre Dánae, navegando a la deriva con su hijo Perseo, no pretende alterar o reinterpretar el mito; sino simplemente, a partir de uno de los más conocidos cuentos tradicionales, presentar alguna de sus partes bajo la nueva forma poética y con un nuevo patetismo.

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Incluso Safo dedicó una de sus canciones, de la que se conservan sólo algunas líneas, a evocar de un modo más o menos claro el matrimonio de Héctor y Andrómaca. Homero no había tratado ese tema directamente, ya que se situaba algunos años antes de la acción de la Ilíada, y quizás una de las intenciones de Safo fuera aprovechar una laguna en la forma tradicional del mito. En resumen, durante más de doscientos años después de Homero, y a pesar de la nueva poesía personal (subjetiva) de Arquíloco, Safo y Alceo, la tendencia poética predominante era la de ofrecer el contenido ya conocido de los mitos tradicionales, aparte de los ya agotados previamente por Homero, en nuevas formas poéticas. Esto nos revela algo importante sobre el poder de los viejos mitos como un gran corpus nacional y al mismo tiempo, sobre su posible limitación como modo vivo de expresión propia y de comunicación.

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¡Oh, tú en cien tronos Afrodita reina,
Hija de Zeus, inmortal, dolosa:
No me acongojes con pesar y sexo
Ruégote, Cipria!
Antes acude como en otros días,
Mi voz oyendo y mi encendido ruego;
Por mi dejaste la del padre Jove
Alta morada.
El áureo carro que veloces llevan
Lindos gorriones, sacudiendo el ala,
Al negro suelo, desde el éter puro
Raudo bajaba.
Y tú ¡Oh, dichosa! en tu inmortal semblante
Te sonreías: ¿Para qué me llamas?
¿Cuál es tu anhelo? ¿Qué padeces hora?
-me preguntabas-
¿Arde de nuevo el corazón inquieto?
¿A quién pretendes enredar en suave
Lazo de amores? ¿Quién tu red evita,
Mísera Safo?
Que si te huye, tornará a tus brazos,
Y más propicio ofreceráte dones,
Y cuando esquives el ardiente beso,
Querrá besarte.
Ven, pues, ¡Oh diosa! y mis anhelos cumple,
Liberta el alma de su dura pena;
Cual protectora, en la batalla lidia
Siempre a mi lado.

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La siguiente fuente importante  de los mitos griegos es el poeta tebano Píndaro, quien, al igual que Estesícoro, escribió poesías corales. Su vida abarcó gran parte del siglo V, y sus grandes odas, que le fueron encargadas para celebrar las victorias en los Juegos religiosos de Olímpia, Delos, Nemea y el Istmo de Corinto, están llenas de alusiones míticas, tanto a héroes como a dioses.

Se abandonó por fin el conservadurismo de la tradición Estesicoreana, poco imaginativa y Píndaro se convierte en un violento crítico de alguno de sus rivales, incluyendo quizás a Baquílides y Simónides, a los que critica calificándolos de <<cuervos que graznan>>.

El secreto poético del que Píndaro se vanagloria es su maestría en la alusión concisa, su capacidad de volver al pasado para citar un ejemplo o un precedente mítico y luego retornar no menos rápidamente al vencedor, a su casa y sus antecesores y a la escena de su triunfo. Cuando Píndaro alardea en sus numerosas canciones de sus rápidas alusiones que <<hablan a los que saben entender>>, de la importancia de saber elaborar entre muchas cosas unas pocas, se está refiriendo a su capacidad para utilizar los mitos iluminando el presente sin la embarazosa necesidad de relatar nuevamente toda la acción. Esto no significaba que considerase el mundo de los mitos subsidiario e inferior; por el contrario, la <<excelencia>> (la palabra griega que utiliza es areta) que celebra en sus vencedores, debe su valor precisamente a sus conexiones heroicas y divinas, a sus raíces en un radiante pasado mítico, del cual los Juegos Olímpicos, en mayor grado que cualquiera otra manifestación, son considerados como una preciosa reliquia.

A pesar de la rica concentración de su poesía Píndaro era una persona relativamente sencilla, y los intentos modernos por descubrir alguna clave profunda en su utilización de la imagen y de los mitos han sido un completo fracaso. No existe una única clave; Píndaro se comporta como el poeta inspirado y volátil que él mismo se precia de ser.

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La obra de Píndaro que se conoce se ha conservado en papiros de entre el siglo II a. C. hasta el II d. C. y en algunos manuscritos medievales que proceden de una selección efectuada en el siglo III. En total, han llegado hasta nosotros cuatro libros de epinicios que suman 45 odas y algunos fragmentos sueltos. Los epinicios (ἐπίνικοι / epinikoi) son cantos corales compuestos en honor de los vencedores en alguno de los cuatro certámenes deportivos de los Juegos Panhelénicos que se cantaban al paso de los campeones. Las composiciones de Píndaro suelen utilizar la victoria deportiva como simple punto de partida para loar el valor personal del atleta: su triunfo refleja la victoria de lo Bello y lo Bueno sobre la mediocridad.

Además de epinicios, Píndaro compuso himnos, peanes, partenios, cantos al vino, trenos, etc.

El estilo de Píndaro es peculiar y difícil. Se caracteriza por proceder con la materia poética a saltos, estableciendo asociaciones bruscas e imprevistas entre diferentes elementos. El lenguaje, muy elevado, procede de una mezcla artificiosa de diferentes dialectos y se satura de elementos retóricos, en especial de imágenes. La dificultad de la obra pindárica es paradigmática. Si resultaba ya oscura para sus coetáneos, con posterioridad autores que van de Heródoto a Voltaire hablan de lo ininteligible de su poesía. Sin embargo, Goethe o Hölderlin lo erigieron en símbolo de la libertad del genio creador.

WIKIPEDIA

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Naturalmente hay cierto método en su locura poética. A menudo existe una razón histórica concreta para la referencia mística.

Algunas  de las canciones más nobles de Píndaro fueron escritas para atletas de la isla de Egina, cercana a Atenas y geográficamente poco importante (…) ¿Cómo se entiende que con su genio y su pasión por la variedad, por volar como una abeja (como él mismo escribió) de uno a otro tema pudiera relatar una y otra vez las hazañas de Telamón, Ayax, Peleo y Aquiles? La contestación a esta pregunta puede revelar algo importante no sólo acerca del poeta sino también acerca de los usos literarios a los que se podían aplicar los mitos. Evidentemente no es una falta de imaginación por lo que repite las famosas hazañas de los Eácidas (…) La monotonía de las referencias míticas no es el resultado de una composición mecánica o de la indiferencia, sino que nace de la admiración del poeta por el pasado de la isla y de su delicada percepción de que el vencedor de una tierra cuya gloria ha declinado drásticamente nada puede complacerle más que alguien le recuerde que por sus venas corre la vigorosa sangre de sus héroes.

Para Píndaro, al menos, los mitos representaban una pasado más valioso que el presente, situado a más de medio camino de la Edad de Oro (…) Trataba de consolidar y si era necesario volver a crear la nobleza y vitalidad de un pasado heroico (…) En su actualización de los mitos como una fuerza activa para conservar su pasado semi-divino, Píndaro vuelve a una función que sobrepasa la esfera literaria y reproduce en cierto modo la función evocadora de algunos mitos. Esa vitalidad funcional es la que da a su poesía una fuerza de la que carecían Estesícoro, Simónides y Baquílides.

En el siglo V a.C, la época de Píndaro, de los trágicos, de Perícles y Sócrates, hubo, en efecto, numerosos ataques a los dioses; el mismo Eurípides, como veremos, no se sustrajo a una representación equívoca de sus actos. La gente, en general, continuaba, sin embargo, celebrando sus devociones privadas y tomando parte en los grandes festivales públicos. La creencia en los dioses distaba mucho de estar muerta (…) Los mitos tradicionales eran, a fin de cuentas, el hecho cultural dominante de la vida griega. Los mitos proporcionaban la principal materia prima a la literatura (al menos a la poesía), eran el principal sostén de la educación, los políticos y persuasores de todo tipo apelaban a ellos constantemente, invadían todo el campo de la religión y de los ritos; y los griegos, a su manera, eran un pueblo religioso.

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La más completa incorporación literaria de los mitos griegos se manifiesta en la tragedia, de la que tan sólo poseemos una pequeña selección. El drama trágico se desarrolló a partir de la poesía coral; pero el diálogo y la personificación de los caracteres permitieron a los autores dramáticos someter las historias tradicionales a nuevos tipos de énfasis y de interpretación. La variedad llegó a aceptarse por sí misma, y en ciertos casos -la venganza de Orestes y Electra contra su madre Climnestra por el asesinato de Agamenón fue tratada por los tres  grandes dramaturgos – se da una evolución consciente desde Esquilo a Sófocles a Eurípides. Este último en particular interpretó los episodios míticos a la luz de n nuevo realismo dramático y de una profunda visión de lo que las situaciones <<heroicas>> podían significar en términos personales.

Esquilo y especialmente Sófocles no tenían estos mismos objetivos, pero existen otros medios quizá más sutiles a través de los cuales pueden ofrecer los mitos nuevos significados. Prometeo había sido una de las figuras más importantes de la tradición, por lo menos a patir de Hesíodo y probablemente antes de él; pero nadie había tenido aún la idea de explorar, a través de sus hazañas, las responsabilidades del poder y las obligaciones de la cultura. Esto es lo que hace Esquilo en su Prometeo encadenado y las otras dos obras dramáticas (perdidas) de la misma trilogía (…) En Esquilo se avanza un signo claro del conflicto entre la tiranía descarada y las libertades desordenadas de la civilización. Este es un dilema en parte teológico y en parte político. Ambas facetas, la política y la teológica, habían sufrido cambios radicales hacia la mitad del siglo V, y Esquilo utiliza  la tradición mítica como telón de fondo para hacer consideraciones sobre estos nuevos problemas en términos dramáticos. La representación del mito, el drama mismo, todavía era importante, pero adquirió una profundidad desconocida a través de éstas nuevas implicaciones. En cierto modo, es una evolución en el énfasis del relato tal como ya señalé que era frecuente en ambientes de cultura oral. Pero existe una diferencia significativa (…)

El método de plantear y examinar problemas actuales a través de una situación mítica tradicional se hace todavía más patente en la Antígona de Sófocles escenificada en el año 441 a. C., cuando la naturaleza de la ley, el conflicto entra la conciencia del hombre y los deberes que el Estado impone se discutían entre políticos y filósofos (…) En ocasiones como ésta el manejo literario de los cuentos tradicionales difiere en gran manera de la transmisión oral.

Aún así, la utilización consciente y no tradicional de una situación como la de Antígona puede en ocasiones dar a un problema teórico un relieve más incisivo del que le daría un planteamiento directo y un relieve más incisivo del que le daría un planteamiento directo y discursivo. Aristóteles dedicó algunos capítulos complicados de su Ética a Nicómaco al problema de la acción voluntaria e involuntaria (…)

Este es el mito. En la obra de Sófocles, esta sencilla situación, casi de cuento folcklórico, adquiere una dimensión completamente nueva. Filoctetes se convierte en un ejemplo de generosidad altruista a pesar de su sufrimiento; Ulises (que se había hecho más impopular a medida que las versiones literarias descubrieron sus dotes de hombre astuto) representa al hábil y deshonesto retórico de la ciudad. En cierto modo, es el contraste entre la virtud innata, la areta de Píndaro y la destreza adquirida con el pragmatismo y la sofística. En otro aspecto, se convierte en una confrontación simbólica entre la soledad aún no profana de la isla y la ambición mundana de los aqueos. Algo parecido a este tipo de valoración de la naturaleza frente a la cultura, en un sentido rousseauniano, puede aparecer incluso en los mitos orales, como veremos, pero su presencia en la historia de Filoctetes es puro Sófocles, y procede de un enfoque muy diferente, más consciente y racionalista que el mítico. Es necesario hacer una distinción entre la utilización instintiva de una historia como expresión de una actitud, y la elección consciente de una situación ficticia conocida, como medio para presentar un análisis deliberado y personal.

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*Ten en cuenta que lo que yo hago es facilitarme una comprensión en base al entendimiento del próximo paso a dar, los filósofos que surgen en estas mismas edades, y que espero te sirva a ti también, si has iniciado una trayectoria de estudio en este ámbito. El de Kirk es un punto de vista que me facilita una comprensión que se inició en la lectura de ‘El nacimiento de la tragedia’ de Nietzsche, donde Esquilo, Sófocles y Eurípides nos son mostrados en otra dimensión y perspectiva,  y te recomiendo, a ti, que des también ese paso por tus propios medios…

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Fue en la poesía donde los mitos encontraron su principal expresión en la era literaria, pero también la prosa desempeñó su papel. Los prosistas más destacados que utilizaron los mitos son Herodóto y Platón. Les separaba en el tiempo solamente dos generaciones; el primero era amenudo ingenuo en su actitud frente a los mitos, y el segundo excesivamente sofisticado.

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Heródoto pudo escribir que fueron Homero y Hesíodo, quienes establecieron para los griegos el nacimiento y las características de sus dioses (…) No acertaba en cuanto a la originalidad. Sabemos por la arqueología, el lenguaje épico y a través de los estudios comparados, que gran parte del material homérico es tradicional y se remonta a un pasado más lejano.

Heródoto no se benefició mucho con otra de sus teorías favoritas: sostuvo que la mayoría de los dioses griegos procedían de Egipto, lugar por el que sentía especial predilección. Fue una intuición brillante; le llevó a suponer que gran parte de la religión de su país procedía de otros lugares pero se equivocó al determinar la esfera de las influencias (…) En cualquier caso sus contemporáneos no compartían tan avanzados criterios teológicos. Para ellos, era suficiente con que la mayoría de los mitos divinos tuvieran raíces en Homero para garantizar su origen nativo (…). Fue necesario un poeta de espíritu crítico como Eurípides o un poeta sabio como JENOFONTE, para criticar la concepción homérica de los dioses y poder lamentarse como hiciera Jenofonte de que <<Homero y Hesíodo hubieran atribuido a los dioses todo lo que es vergonzoso y desgraciado, propio de los hombres: robo, adulterio y engaños>>. Pero este tipo de crítica que ahora puede parecer sencilla , era en su tiempo enormemente sofisticada; tuvo poco impacto en la mayoría de la gente, que continuó cumpliendo sus deberes religiosos (e incidentalmente admirando a Homero) aun cuando no creyera en todo lo que éste había dicho en los mitos acerca de los dioses.

Heródoto utiliza temas de cuentos folklóricos  para llenar los huecos de su conocimiento histórico, o quizás aceptará  versiones folclóricas de acontecimientos reales sin demasiados escrúpulos. El primer libro de sus Historias ofrece ejemplos  más sorprendentes sobre esta tendencia. Nos cuenta con toda seriedad que Creso, rey de Lidia, soñó que su hijo y heredero Atis sería asesinado por la punta de hierro de una lanza (…) Esto era un mito, o cuento popular, pero no historia; lo mismo ocurre con el fabuloso relato sobre Creso, de como consiguió escapar de morir en la hoguera. Esta última historia era conocida por muchos otros además de Heródoto, pero se ve claramente que se especializó en este tipo de historias, tal como se desprende de su relato sobre Astiages, rey de los Medas (…) Todo esto es claramente un tejido de motivos folklóricos (…)

Heródoto puede racionalizar ciertos mitos cuando se lo propone: aquí está haciendo lo contrario, y parece contentarse con las versiones rurales sobre hechos históricos, siguiendo las líneas de los modelos de las narraciones tradicionales. No sólo se limita  a hacerlo cuando se trata de la historia de pueblos extranjeros… Esto confirma que a mediados del siglo V a.C., los mitos eran todavía un aspecto predominante de la cultura griega, tanto en hombres corrientes como en historiadores.

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En la época de Platón e incluso en la de su maestro Sócrates, a finales del sigo V, las cosas habían cambiado. Es difícil distinguir en los primeros diálogos platónicos qué ideas pertenecen a Sócrates y cuáles a Platón, pero es probable que el hábito  de referirse a los mitos como una forma de persuasión emotiva fuera ya propia del mismo Sócrates.

En el Fedón de Platón, por ejemplo, le vemos confirmando ciertas pruebas dudosas sobre la inmortalidad del alma, con un mito lírico  acerca de los paisajes imaginarios de la otra vida. Las pruebas eran en parte de Platón, pero el mito puede deberse a Sócrates. En cualquier caso Platón no desdeña la utilización de esta tendencia en otras visiones escatológicas, en el Gorgias, en el Fedro y en el último libro de la República. Alguien puede creer (como yo) que Platón hubiera hecho mejor trabajando los argumentos filosóficos antes de recurrir al método tradicional del mito como forma de persuasión; pero solía hacerlo así, y con ello sucumbía a una fuerza casi irresistible de la cultura griega a lo que él mismo llamaba <<poesía>> (incluidos los mitos), considerada como el enemigo natural de la filosofía.

En todas estas fuentes puramente literarias, lo mismo en la poesía que en la prosa, los mitos acostumbran a ser considerados como algo especial, como una especie de sabiduría recibida del pasado. En efecto, proporcionaban un gran número de ejemplos típicos: podían utilizarse para ilustrar o bien para argumentar sobre la mayoría de las situaciones de la vida corriente: se podían también variar y adaptar para obtener claras innovaciones o efectos sensacionales. Sin embargo todo esto es sutilmente diferente al cambio orgánico que los mitos tienden a experimentar en una sociedad oral.

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Hemos ido de la Grecia arcaica a la clásica pero antes de cerrar este asunto, quiero introducir un pasaje de ‘La historia de la filosofía’ de la editorial Eikasía.

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<<Si hay algún exponente característico de la Grecia arcaica desde el punto de vista de las artes, este es el templo. Es a partir del siglo VII cuando, unido a un progresivo perfeccionamiento de las habilidades técnicas tanto como a la movilización de hombres y materiales, comienza el impulso edificador. Y sin duda los tiranos están detrás de estas edificaciones. El templo era el lugar donde se albergaba la estatua del dios y en cuyo interior no tenía lugar ningún tipo de ceremonia. Ligado a él no existía una clase sacerdotal como es entendida en el cristianismo, pues hay que ver al sacerdote más bien como un <<funcionario>> del Estado en el mismo sentido que lo eran los generales, los administradores del tesoro o los comisarios de los mercados. Los griegos reconocían y honraban a un mismo panteón, pero cada ciudad tenía como patrono a una deidad: en ningún caso  significaba que la ciudad, el Estado, ejerciera el monopolio de la religión. Los santuarios como el de Delfos, rebasaban sus límites geográficos y políticos de manera que podemos hablar de carácter panhelénico, si bien es cierto que Delfos en el siglo VIII no pasaba de ser  un santuario local. El santuario de Olimpia también tenía un carácter panhelénico en relación con los juegos olímpicos  cuya primera celebración en honor a Zeus se data en el año – 776>>. p. 37

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~ por María Camín en mayo 1, 2011.

4 comentarios to “La importancia de la lírica y la tragedia griega (o del mito en el arte)”

  1. ALCMAN

    De finales del s. VII tenemos la primera muestra en extenso de poesía coral, los partenios (“canto de doncellas”) de Alcman quien vivió en Esparta una o dos generaciones después que Tirteo. Si bien toda Grecia conoció alguna clase de lírica coral, parece que sólo se desarrolló cumplidamente en el ámbito dórico, como dórico fue el dialecto que lo distingue. Un rasgo de la tradición doria lo constituyen las estrofas, que son mucho más largas y variadas que las utilizadas en los cantos jonios y eolios. Así , los partenios de Alcman están en estrofas de catorce versos. El canto es una pieza de festival para un coro de diez doncellas que cantan y danzan en una ceremonia religiosa cuya naturaleza no conocemos bien.

  2. ÍBICO

    Íbico fue un poeta natural de Regio, al sur de Italia, durante la primera mitad del s. VI., aunque fue llamado a Samos por el tirano Polícrates. Redujo los largos centros, pero mantuvo el lenguaje lírico coral. Introdujo géneros festivos y pocos sacrales, géneros simposíacos y eróticos.

  3. Los nueve poetas líricos, o nueve poetas mélicos, fueron un canon o lista de poetas y compositores griegos antiguos, tenidos en gran estima por los también antiguos académicos y expertos helenos de Alejandría. Se les consideraba dignos de estudio crítico.

    Estos poetas fueron:

    * Alcmán de Esparta
    * Safo
    * Alceo de Mitilene
    * Anacreonte
    * Estesícoro
    * Íbico
    * Simónides de Ceos
    * Píndaro
    * Baquílides

    En la mayoría de fuentes escritas griegas, se emplea la palabra melikos para referirse a estos autores (de melos “canción”), pero algunos autores emplearon en su lugar lyrikos, que fue la que se empleó para crear el latín (lyricus) y de ahí a los lenguajes modernos.

    Los antiguos académicos definieron este género (la lírica) en atención a la forma métrica y al instrumento con que se acompañaba, la lira, y no basándose en el fondo (el contenido). Debido a esto, existen algunos tipos de poesía que deberían ser incluidos bajo la etiqueta “lírica” en la literatura moderna, pero que, sin embargo, están excluidos (como la elegía).

    Esta poesía lírica está dividida tradicionalmente en 2 estilos: poesía coral, y poesía lírica monódica.

    http://es.wikipedia.org/wiki/Nueve_poetas_l%C3%ADricos

  4. EL AGNOSTICISMO DE SIMÓNIDES DE CEOS:
    Niega la posibilidad de conocer la existencia y la esencia de dios

    http://antoniomartnortiz.blogspot.com/2011/04/el-agnosticismo-de-simonides-de-ceos.html

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